Caravana de Madres 2018

El ritual de los reencuentros en la caravana de madres centroamericanas

Por: Testigo Púrpura

Un par de mujeres corren de un lado a otro de un camión, para hurgar entre sus bolsas y encontrar todo lo necesario para una sola labor: hacer que Juliana Mejía se vea memorable.

Para ellas, el abrazo prolongado por 12 años debe ir acompañado de la mejor impresión que pueda dar a su hija, quien salió de su natal Nicaragua pero a su llegada a México perdió el contacto.

La sororidad mueve a todas las integrantes de la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos, quienes esperan algún día ocupar el lugar de ella y ser preparadas para el reencuentro con sus seres queridos.

El rostro cansado de Juliana tras cuatro días de caminar de ciudad en ciudad acompañando a sus compañeras en la búsqueda, vuelve a relucir.

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Una presta un peine; otra las toallitas para limpiar los restos de sudor provocados por las dos horas de espera mientras el camión donde viajan intentaba cruzar en balsa la presa La Angostura; otra más un poco de maquillaje discreto.

Juliana solo puede estar emocionada. Las demás hacen todo por ella, mientras intentan equilibrarse en el camión en movimiento.

La acaban de conocer hace unos cuantos días, cuando el Movimiento Migrante Mesoamericano la encontró tras las pistas que dio su hija, Martha Munguía, quien hace años que no la ve y la integra a la caravana para que se reencuentren; pero ahora es su hermana de búsqueda.

No hay tiempo que perder, pronto se llega a una colonia de La Concordia, en Chiapas, donde ha vivido Martha durante varios años después de salir huyendo de Guatemala (en donde vivió algún tiempo) para escapar de la violencia familiar que ejercía su pareja.

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Las lágrimas que derraman madre e hija cuando se vuelven a abrazar se extienden a los rostros de otras de las mujeres, una felicidad real de quienes saben el sufrimiento que implica tener un familiar desaparecido.

Juliana y Martha se quedan en su casa unos días, las demás compañeras abrazan, felicitan, conviven un rato y parten esperando en algún momento ser quienes son preparadas para reencontrarse.