“¿Le han visto?”, la pregunta constante de las madres centroamericanas

 

Yajaira Calix busca pistas en Huixtla

Yajaira Liseth Calix Banegas busca pistas sobre su hermano en Huixtla, Chiapas (Foto: Consuelo Pagaza)

Alejandro Aguilar

Durante los días en que la Caravana de Madres Centroamericanas ha recorrido Chiapas, las pistas para localizar a sus hijos son una muestra de que la esperanza nunca termina. Trayendo consigo una fotografía realizan mítines en plazas públicas, iglesias o albergues que se cruzan en su camino.

La Caravana ha logrado imprimir en las madres no sólo la esperanza de búsqueda sino también los mecanismos para que las mujeres logren empoderarse para hacerle frente a las injusticias orquestadas por gobiernos corruptos o con nula capacidad de resolver fenómenos sociales como la migración.  Incapaces de dar respuesta a cientos de madres, éstas han logrado organizarse demostrando que la intervención del Estado no resulta siempre necesaria.

“Los migrantes no somos criminales somos trabajadores internacionales” resuena cada vez que llegan a las localidades que visitan y donde son recibidas con gusto por las personas que se han integrado a su lucha, en su mayoría colectivos o asociaciones civiles.

Yajaira Calix busca pistas en Huixtla

Yajaira Calix busca pistas en Huixtla (foto: Consuelo Pagaza)

Con una sonrisa llena de vitalidad se encuentra Yajaira Liseth Calix Banegas, una mujer hondureña que busca a su hermano extraviado desde hace tres años y medio, fecha en que salió de Honduras. En Huixtla, que repartió comida a las madres dijo conocer al hermano de Yajaira, Santos Alexander Calix Banegas quien ahora se hace llamar Cristian Alexander Calix.

Sobre ese pista llena de ilusión la sonriente hondureña comienza a recorrer las calles de tierras chiapanecas en busca de “El Catracho”, como también se le conoce. Camina sin perder la fe de mirarlo después de tanto tiempo.

Los postes y casetas telefónicas son tomados por ella quien con cinta adhesiva en mano va pegando la fotografía de su hermano con el fin de que la gente pueda identificarlo y brindar información. Fruteros, abarroteros o transeúntes son las personas a quienes Yajaira pregunta en busca de algún dato que la haga llegar a su hermano.

-¿Ha visto a este muchacho? Es mi hermano y lo andamos buscando, nos dijeron que lo habían visto por aquí y por eso venimos, dice, sin  desprenderse de la fotografía que trae consigo. Parece que sí lo hemos visto, pregunte en aquella tienda, comunican algunos y otros simplemente dicen: ¡Ay señora, aquí cuando lo va a encontrar!

Las pistas son de vital importancia en momentos cruciales de búsqueda, a través de ellas se localizan puntos específicos en que la persona extraviada pueda dar señales vida. Sin importar la hora, la búsqueda se prolongó hasta que la caravana siguiera su ruta.

Sin perder la confianza en sí misma Yajaira regresa a la Van que la llevará hasta el siguiente punto marcado en el itinerario y que tiene la meta de encontrar a la hija de una paisana suya bajo la misma pregunta eje ¿La han visto?

Doña Pilar y Rubén Figueroa

Doña Pilar y Rubén Figueroa en Tuxtla Gutiérrez (Foto: Consuelo Pagaza)

En Tuxtla Gutiérrez Doña Pilar comenzó la búsqueda guiada a través de una fotografía enviada por WhatsApp, Pilar Escobar Medina, hondureña también, supo que su hija Olga vivía en Tuxtla y que ahora tiene dos niños con un salvadoreño.

La hija de Pilar, Edelmira Romero Medina salió de su casa localizada en El Progreso un 10 de octubre de 2009 y lo único que se sabe es que se instaló en Tapachula donde trabajo algunos años para después reubicarse en Tuxtla Gutiérrez. Algunas personas aseguraron ver a una mujer con rasgos idénticos a los de la chica, que ahora se sabe, cuenta con la nacionalidad mexicana.

El encuentro entre madre e hija estaba sellado hasta que la comunicación vía whatsapp se cortó días antes de que la Caravana tomara camino rumbo a México. Cortada la comunicación lo único que restaba era buscarla con la única referencia que existía de por medio: De una terminal de autobuses 4 calles para abajo. Era todo.

Mientras camina por las calles, se colocan carteles con la fotografía de Olga, tomando postes de luz y paredes de pollerías o estéticas, en todos esos lugares podía  verse el rostro de la centroamericana de 36 años.

Al igual que su connacional, en estéticas, tiendas, verdulerías y otros, Pilar, con la fotografía colgada al pecho, preguntaba “¿Han visto a esta muchacha?”

-Creo que he visto a esta muchacha caminar por el parque todos los días, déjeme ver si sé algo les aviso, pero parece que si la he visto, declara una señora que reconoce la fotografía de Olga

Cabizbaja y con la noche encima Pilar se retira con un montón de pistas sobre el paradero de su hija. Emocionada y triste a la vez, se siente segura de encontrarla. Está cada vez más cerca, lo sabe y lo anuncia a quien se detiene a intercambiar información con ella, su familiar continua con vida y eso la impulsa a seguir adelante en su búsqueda.

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