Las muestras de la incredulidad

Toma de muestras en Córdoba, Veracruz

Toma de muestras en Córdoba, Veracruz. Foto: Prometeo Lucero

“Cada vez que escuchamos la palabra ‘Federal’ nos da alergia. Es que, lamentablemente, ya les perdimos toda la confianza. Pero qué podemos hacer. Yo ya no quiero que me pinchen, pero pues si ya me subí al burro, pues lo jinetello”, dice Ana Zelaya entre risa, incredulidad y hartazgo.

La División Científica de la Policía Federal le acaba de tomar una muestra de sangre para extraer su ADN. Así también a otros 17, padres, madres y hermanos de migrantes centroamericanos que desaparecieron cruzando México. Forman parte de un grupo de 41 madres que buscan, aunque sea, una pista para encontrar a sus seres queridos.

Los familiares esperan que la policía use la muestra para hacer una base de datos y que la comparen con la información de otras bases obtenidas de trozos de huesos de personas muertas, contrastar los resultados. Así pues, esperan descartar que sus familiares estén muertos.

La incredulidad se entiende, la extracción no fue en un laboratorio, tampoco en una ambulancia, ni siquiera una unidad móvil. Fue en un cubículo de venta de bebidas y botanas de la Arena Córdoba, un estadio de voleibol para mil 500 personas construido para los Juegos Centroamericanos de 2014.

Ahí, los familiares de los migrantes esperan en un rinconcito de ese espacio amplísimo, como quien espera afuera del consultorio del doctor a ser llamado. El suelo está sucio, tiene manchas secas de comida y hay corcholatas en el suelo.

Representantes de la Fiscalía General del Estado de Veracruz, burócratas que este sábado les tocó trabajar, impiden el paso a los periodistas que quieren documentar el proceso. No vayan a contaminar las muestras. Ellos, a pocos metros de donde se hace el proceso, platican, hacen bromas y alguno que otro estornuda porque hace frío. No se vayan a contaminar las muestras.

De los 41 familiares que viajan en la XII Caravana de madres centroamericanas 2016, sólo 18 aceptaron que se les tomara una muestra genética. Algunos creen que no sirve de mucho que las pruebas las haga la Fiscalía, mientras que otros, que ya lo han hecho con otras instancias, prefieren no pasar la molestia de nuevo.

El sentimiento general es desconfianza hacia las autoridades que parecieran no hacer nada, pero sin las que tampoco se puede hacer mucho. Este muestreo, por ejemplo, fue iniciativa del Colectivo Solecito, un grupo de familiares de personas desaparecidas en Veracruz que se organizaron para buscarlos en fosas clandestinas dada la inacción de las instituciones; sin embargo, las muestras las toma y analiza un organismo oficial.

Solecito ha encontrado más de 150 fosas clandestinas con restos humanos en Veracruz. Sin embargo, sus esfuerzos han sido desestimados por las autoridades, en ocasiones impidiéndoles ingresar a los lugares de búsqueda y otras diciendo que los restos de hueso que encuentran son de animales o que son trozos de madera vieja.

Unas horas antes de la toma de muestras, Marcela Zurita, coordinadora de Solecito en Córdoba, marcha alrededor de la plaza principal de la ciudad. Es la recepción por la llegada de la Caravana a la entidad. Viste Pantalones y chamarra de mezclilla, una playera con la imagen de su hijo desaparecido sobre la blusa de algodón, lentes oscuros en la cabeza, botines negros de tacón y la ficha con foto e información de Dorian Rivera, de quien no volvió a saber nada desde el 11 de octubre de 2011.

Entre la caminata y los gritos que exigen justicia, explica cómo fue que pensó en la toma de muestras: “Es que todas somos madres, y creo que ellas deben sufrir lo mismo que nosotras. Y pues como ellas son de fuera, pues pensé que se les debe complicar más hacer este tipo de cosas, por los trámites y eso”. Así empezó la gestión ante la Procuraduría General del Estado de Veracruz, quien llamó a la Policía Federal.

El rechazo a las pruebas de ADN no sólo viene de las madres migrantes, también de algunas madres de Solecito. “Ellas dicen que no quieren porque ellas buscan a sus hijos vivos, y no muertos. Pero pues yo creo que es una manera de descartar opciones, de asegurarse que no están muertos” explica Marcela.

Después de que le tomaron la muestra, Ana se limpia el dedo mientras se aleja del módulo. Las luces del estadio vacío se van apagando poco a poco. Prefiere usar todas las herramientas que tenga para dar con su hijo, sea lo que sea, prefiere saber. Así, aunque sea, tendría un lugar dónde irle a llorar.

Arturo Contreras Camero

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