Reyna: una década buscando a su madre

Reyna Elizabeth. Foto: Daniela Sánchez D.

Reyna Elizabeth. Foto: Daniela Sánchez D.

Arropada con un suéter guinda para el frío y sentada sobre una repisa del parque de Comitán, Chiapas, Reyna Elizabeth cuenta sobre su mamá Irma Vicente García, a quien no ve desde hace 10 años.

“Yo era muy chica cuando ella se fue. Tenía 12 años. Me di cuenta de su desaparición un año después. Yo le preguntaba a mi abuela por ella a cada rato, y ella respondía ‘que ahí estaba’ y como ella se la pasaba mucho tiempo fuera yo no sospeché nada…al final me dijo y así  fue como me enteré”.

Su mamá, Irma Vicente García, guatemalteca, ya había salido antes de casa, muchas veces, para ir a trabajar lejos. La última vez ese viaje tuvo como destino el vecino estado de Chiapas.

Fue a finales del año 2006. Salió de su casa ubicada en Ixcán, del departamento de Quiche para Maravilla Tenejapa con la intención de poner un bar con una amiga guatemalteca. Pero a los tres meses su negocio fracasó.

Ya antes había intentado algo parecido en Quiche. Pero falló. Por esos años en Guatemala, se cumplían aniversarios importantes, como el de los primeros diez años de la firma del tratado de paz para terminar con la guerra cívil así como el vigésimo de la instauración de un gobierno aparente democrático.

Además se avecinaban las elecciones.

Por ello el país presumía, mediáticamente, un crecimiento macroeconómico que por supuesto nunca se reflejó en las zonas rurales. Guatemala es un país rural en su mayoría, por ende, la gente nunca recibió esos beneficios y muchos hombres y mujeres tuvieron que migrar.
Irma fue una de esas personas. Primero regresó a casa desde ese poblado chiapaneco, en marzo de 2007, triste, por su segundo intento fallido. Descansó unos días para diluir los resabios del fracaso.

Días después afiló detalles para partir a los Estados Unidos, a donde quería llegar para olvidar sus malogrados intentos empresariales. Como mucha gente estaba migrando de Ixcán, ella aprovechó la oportunidad cuando corría el mes de abril.

Por aquellos años Ixcán era igual que ahora: un pueblo pobre. Herido, además, por los numerosos enfrentamientos de la guerra civil que asoló Guatemala y dejó, según cifras oficiales, unos 200 mil muertos.

Caravana de madres en Estación Chontalpa. Foto: Daniela Sánchez D.

Caravana de madres en Estación Chontalpa. Foto: Daniela Sánchez D.

Aunque hoy empresas han llegado a Quiche el panorama no es distinto, no hay trabajo: las cadenas que abrieron “ para mejorar la economía” se trajeron a la gente “que ya trabajaba para ellos” explica Reyna Elizabeth.

“Sólo puede uno trabajar en restaurantes y en la siembra de maíz, frijol y banano. Algunos se dedican a la pesca. Hoy Ixcán es un poco más próspero. Yo trabajo en un restaurante pero me gustaría algún día acabar por lo menos mis estudios básicos” amplía ella, tímida.

El plan de su mamá al partir en aquella tarde de abril era trabajar de ciudad en ciudad mexicana para llegar a la frontera y cruzarla. Eso hizo. Sin embargo, cuando corría el mes de septiembre, desapareció en algún lugar Desierto de Altar, Sonora.

“Su última llamada fue en septiembre de 2007. Había estado tres meses en la cárcel. Mi abuela dice que nunca le quiso decir por qué, para no mortificarla. La última llamada fue ese día para decir que en 15 días cruzaría”.

La llamada nunca llegó.

“Tengo mucha esperanza en la Caravana”

Rodeada de música esperanzadora bajo el tenue frío de Comitán, Reyna Elizabeth relata que tiene muchas esperanzas.

—Pedí permiso en el trabajo. Pero creo que alguien llegó justo el día en que me fui. Entonces yo creo que ya estoy desempleada, jeje. Pero quiero encontrar a mi mamá” dice ella bajo el efecto de sus ojos brillosos.

Un día después de esa charla en Comitán, Reyna llegaría a la Universidad Autónoma de Tabasco luego de realizar una búsqueda de campo en Chontalpa, Tabasco. Ahí dejó su suéter guinda para el frío y tomó una gorra para cubrirse del sol.

Preguntó junto a otras mamás, serpenteando el terreno farragoso tabasqueño, sobre el paradero de su mamá y de sus coterráneos. Enseñó de casa en casa los enormes cuadros fotográficos que se ha colgado en el cuello.

Chontalpa es, desde el desastre que fue el Huracán Stan, un paso obligado de la migración centroamericana. Tanto que la industria del secuestro recibió un gran golpe en la zona: les fue arrebatada una casa importante de seguridad, al lado de las vías, hace tres meses. Por ello la XII Caravana “Buscamos vida en caminos de muerte” organizada por el Movimiento Migrante Mesoamericano decidió hacer una parada previa a la universidad para búsqueda de campo.

En la Universidad tabasqueña, ella, como las otras mamás, hermanos, sobrinos integrados a la caravana, recibió una carta de una muchacha universitaria de pelo rizado. En ella, la muchacha le escribió que “después de tanto dolor existe siempre una recompensa”.

Fue inesperado para ella. La carta significó un bálsamo tan pronunciado como ese abrazo que recibió al recibirla.

“Cada 10 de mayo (día de las madres) yo le escribo a mi mamá una carta. Lo hago desde que se fue. Y lo sigo haciendo.”

Reyna Elizabeth quiere encontrar a su mamá para que las lea pronto.

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