“Hijo escucha, tu madre está en la lucha”

Eliana Gilet / Desinformémonos

Las luces de los focos relumbraban dentro de la catedral de Coatzacoalcos mientras Tomasa Gómez y su hija Wendy se reencontraban tras seis años sin verse. Eran pasadas las ocho cuando la Caravana arribó a la primera ciudad veracruzana de la travesía, en la noche del miércoles 2. “Me habían dicho que me la habían matado en Sonora pero yo no creía. Sí vale la pena luchar por sus hijos, porque un hijo es un pedazo de corazón que uno pierde. Hay que luchar pero a veces uno se cansa de andar caminando. Envío a las mamás un mensaje de fé y esperanza, que sus hijos están vivos y los van a encontrar. Estuve en tres Caravanas antes que ésta y la voy a seguir apoyando, como ellos han luchado por nosotras”

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Además de los fieles que se congregaron y rezaron por el encuentro, y la prensa local que se volcó a cubrir el momento, también se presentó Carlos Escalante Igual, fiscal para migrantes del estado de Veracruz. Fue interpelado por un enjambre de periodistas que reclamaron al funcionario los datos oficiales que faltan para dimensionar la crisis.

“En materia migratoria este año, entre Acayucan, donde hay una agencia del Ministerio Público,  y Xalapa, tenemos aproximadamente 40 o 45 denuncias. Son muy variadas, pero desaparecidos no fueron tantos. Hay migrantes lesionados, que se caen del tren, y denuncias contra policías municipales que no tienen la preparación adecuada para tratar al migrante.”

El fiscal sostuvo que no hay policías municipales de Veracruz acusados (serían de Chiapas y de Tabasco) y que por eso “hemos consignado en Acayucan aproximadamente como a 7 responsables de delitos, pero no a servidores públicos porque no nos toca en este estado.”

Cuando los periodistas locales lo inquirieron sobre las cifras de desapariciones, sostuvo que desde que se formó la fiscalía en el año 2011 han recibido 30 denuncias, 3 de ellas en 2015.

“La función de la fiscalía es tratar de ubicarlos y hacer una base de datos genética. En eso tiene que intervenir servicios periciales y en caso de encontrar algún cadáver, poder identificarlo plenamente y que deje de ser desaparecido. Es parte del protocolo, que se le tomen muestras de saliva, se le haga el perfil genético y se confronte con la base que tenemos. Se dice que hay 50 mil migrantes desaparecidos, yo digo que si me dan los datos de dónde están las fosas, vamos a tratar de encontrarlos.”

 

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Las preguntas: ¿Cuantos registros tiene esta base? “Tendríamos que ir a periciales, porque es una base general, nosolo hay datos de migrantes” ¿De los cuerpos que se han encontrado hasta el momento, desde que se comenzó con la base, cuántos han sido de migrantes? “Tengo apenas un año en el cargo, en un año no hemos encontrado ningún migrante.”

Acto seguido los periodistas corrieron a contrastar la versión oficial con Rubén Figueroa, coordinador sur- sureste del Movimiento Migrante Mesoamericano, organizador de la Caravana de madres. “Sí hay una base de datos genética en poder de la fiscalía, agradecemos que la saque de la oficina y nos la presente, para corroborarla con los datos que tienen las madres. Nosotros, como movimiento, no tenemos acceso a esos datos ni tampoco de los cuerpos que aparecen en las vías, porque cuando eso sucede la autoridad los recoge, entonces esa información no nos llega.”

Hay algo lógico, dice Figueroa, y es que desde el momento en que las personas están desaparecidas no se puede decir que en el estado no haya desaparecidos. “Hay algunos casos que sus últimas llamadas son desde Veracruz y sobre todo, teniendo en cuenta la violencia que hay en este estado hacia los migrantes, no se puede descartar que no haya desaparecidos aquí. Hay una operatividad muy fuerte, cacería le llamamos nosotros, de detención y deportación masiva de migrantes a sus países de origen. El hecho de que ahora se dejen de ver migrantes arriba del tren no quiere decir que no estén saliendo de sus países y entrando a México.”

Lo otro es el aumento del tráfico de personas. De lo que se queja el Movimiento es que la fiscalía no se adecúe a la realidad de los migrantes “que están escondidos, prácticamente  huyendo porque hay una persecución, entonces, no pueden ir hasta el ministerio público a denunciar.”

En la mañana siguiente, las 40 madres se dedicaron a lo que vinieron a hacer a México: recabar pistas. Así fue que visitaron la Casa del Migrante, en Coatzacoalcos y recorrieron la colonia del mismo nombre y la López Mateos.

De un lado, hacia el pueblo, el predio tiene al complejo petroquímico de la ciudad, en donde están instaladas la multinacional Pemex, el Centro de Investigación y Tecnología en Saneamiento Ambiental (CITSA) y también de la multinacional Etileno xxi.

Del otro, las vías del tren conocido como “La Bestia”, un tren de carga que recorre México de sur a norte (pasando por el Distrito Federal) y que es la vía que históricamente han usado los migrantes para trasladarse de manera clandestina.

En el albergue de esta comunidad veracruzana, igual que en los que la Caravana ya visitó en Tenosique (Tabasco) y en Palenque (Chiapas) la mayoría de los migrantes proviene de Honduras.

“Salimos de Honduras el 13 de Noviembre, tenemos 20 días de venir caminando. Está duro el camino, hemos venido en el tren poco, casi sólo caminando hemos llegado hasta acá con mi sobrino de 20 años y mi hijo de 24”. El que cuenta tiene 48.

“La situación está crítica en nuestro país, este año hubo una gran sequía y se perdieron todas las cosechas. Somos de El Rosario, departamento de Comayagua. Cosechábamos maíz, frijoles, hortalizas, repollo, lechuga, tomate, cilantro. No teníamos ningún apoyo del gobierno, los gobiernos de allá no dan nada.”

Sólo Cofamipro (Comité de Familiares de Migrantes desaparecidos del Progreso) que tiene su rango de acción en ese municipio hondureño, llegó a la caravana con 200 fotos de migrantes desaparecidos, que ha documentado desde su creación en 1999.

Pacientemente las madres despliegan sus fotos frente a los ojos cansados de los que vienen andando la ruta que marca la Bestia. Se los muestran también a los vecinos de la vía, que ofrecen su atención en sus precarias casitas de chapa.

“Con el tren viene mucha gente de Honduras, El Salvador, de Guatemala, muchos bajan por aquí preguntando por la Casa del Migrante. Piden un taco. Si tenemos que darle un taco, le damos un taco. Nosotros también tenemos hijos. Dicen que allá no encuentran trabajo y vienen a ayudar a sus familias. Muchos llegan pero muchos no. Van con bebés recién nacidos, muchachitas, de todo”. Las madres se entusiasman porque la vecina había visto a una de las muchachas de las fotos, hace dos semanas, caminando por “la López”.

Otros vecinos relatan a las madres cuáles son los bares de la zona en donde las mujeres pueden trabajar sin necesidad de tener papeles. Señalan alguna casa en donde se juntan, o tal cruce en dónde se las puede encontrar.

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“Hay muchas muchachas que entran a trabajar en los bares, hay varios que están cerca de la vía. Les dicen que les pueden pagar un dinero y trabajan hasta la madrugada. Los mismos dueños les rentan los cuartitos para que vivan ahí. Hay otros bares que piden papeles porque si no los multan. Llegan policías a los bares, pero llegan a revisar por drogas. Se fijan y se van y nunca piden papeles. Cobran un depósito para no llevarse a las muchachas, que les descuentan a ellas. La mesera tiene que pagar su cuota para que no se la lleven. El dueño pone la plata y luego a ella se la descuentan.” Entonces siempre deben. Y si hay deudas no pueden salir de ahí.

“Me da tanta pena, tanta tristeza, ahorita que entramos al albergue vi a una mujer con su hijo, ella empezó a contarme que la violaron en el camino, es duro, es difícil. Por la pobreza han dejado a su familia para poder salir adelante”, Elvira Mendoza tiene 21 y es la dueña de estas palabras. Se unió a la Caravana este año en busca de Manuel Mendoza, su hermano, que desapareció el 7 de abril de este año, hace 8 meses. “Estaba en Reynosa, Tamaulipas. Dijo que iba a salir a pasar el Río Bravo, pero desde entonces ya no supe nada de él. Es el único que ha salido de la casa. Había estado 5 años en Estados Unidos y lo deportaron, él quería regresar. Mis papás están en Guatemala, en el departamento de Huehuetenango. Muchos migrantes guatemaltecos van a Estados Unidos. Ellos nunca pensaron quedarse en México. Nosotras vinimos a este país a decir ya no más violencia, dejen de humillar a los migrantes. Vinimos a exigir, no a pedir, a exigir. Es un ya basta.”

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Pero en la tarde del jueves 3, al llegar a Córdoba, también en Veracruz, la actividad de búsqueda trocará en marcha al sumarse al grito de las otras madres que reclaman por sus hijos desparecidos. Mexicanos ellos.

“Mi nombre es Amelia Hernández y busco a mi hijo Pablo Darío Miguel Hernández, que fue levantado el 6 de diciembre de 2013, por un grupo de policías y agentes de la agencia veracruzana de investigación (avi). No he sabido nada de él hasta ahorita. Nadie lo tuvo detenido. No he tenido respuesta de las instituciones porque me piden pruebas, quieren testigos de que se lo llevaron. La situación aquí en Veracruz es muy difícil porque las autoridades están coludidas, hay mucha impunidad.” En el momento en que desapareció tenía 23 años.

Amelia forma parte de uno de los varios grupos de familiares de desaparecidos que recibieron a la caravana en la plaza de la mencionada ciudad. “En el grupo hay 60 casos, pero hay más porque muchas madres tienen miedo a poner denuncias.”

“Estoy buscando a mi hija, Ema Guadalupe Pérez Arroyo. Se la llevó la policía estatal a ella junto con 19 personas en Potrero Nuevo, el 2 de Agosto de 2013”. ¿Qué respuesta le han dado desde las instituciones? “Que ellos no fueron” ¿Cómo es posible secuestrar a 20 personas? “Hubo como 20 patrullas, todo el pueblo vio cuando se llevaron a la gente” ¿Por qué? “Es lo que nos preguntamos. Mi hija, una muchacha sana, no tenía nada que ver con nada y se la llevaron y hasta ahorita no hay respuesta de nada. Teniendo muchas pistas que uno les da no hay nada”  ¿Qué pistas? “Su teléfono celular, por ejemplo” ¿No ha habido investigación? “Hay pero muy lenta, más bien nada, casi. Dos años sin nada y mi hija sigue desaparecida. Es un problema grande aquí en Veracruz” ¿Conoce otros casos similares? “Demasiados, en todo Veracruz, en Córdoba, Orizaba, Tehuacán” ¿Qué siente ante esto? “Nos quitan la vida. Exigimos a las autoridades porque queremos respuestas, queremos a nuestros hijos. Es algo muy horrible.”

Comparten las consignas y se apoyan rodeando la plaza en un clima que parece de otro mundo, como si estuvieran transgrediendo toda la presión cotidiana, como si por el sólo hecho de atreverse a pisar ese suelo cargado de miedo estuvieran empezando a matar el dragón que les sopla en la nuca.

Es la primera vez que Lourdes María Suazo viene a la caravana. “Nos sentimos fortalecidas con la fuerza de las hermanas mexicanas. Estoy aquí por mi hermano,  Mauricio Francisco Suazo Mejía, que murió en la masacre de Cadereyta” en la que 49 personas fueron asesinadas y mutiladas en esa localidad de Nuevo León. Ella y otras ocho mujeres hondureñas formaron hace un año el Comité de Desaparecidos del Centro de Honduras (Cofamicen) y ya llevan registrados 25 casos de desaparición de migrantes.

¿Qué significó para Lourdes pasar de algo tan traumático a convertirse, a sus 56 años, en una defensora de derechos humanos? “Quiero ayudar con la fortaleza que me ha dado mi hermano, mis compatriotas muertos. Tengo que ir a luchar por los demás y me dio tanto dolor ver en los albergues que el 90 por ciento son hondureños, hay niños, señoras embarazadas. Hay mucha pobreza en Honduras, no hay trabajo y los gobiernos son ajenos a nuestro dolor.”

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