AYOTZINAPA SOMOS TODOS por JAMES D. COCKCROFT

“AYOTZINAPA” por James D. Cockcroft

Normalistas de Ayotzinapa –

tierra de tortugas en náhuatl –

la vida no muere.

El fiscal dijo “Ya me cansé” pero el pueblo se cansó

y gritó “¡Ya basta, estamos hasta la madre!”

Y el Presidente comentó “Ya sé que no aplauden”.

Una pancarta señaló el momento decisivo:

“Nos han quitado tanto que hasta nos quitaron el miedo”.

Aparece de nuevo el flujo subterráneo, la historia oral del México profundo.

Profundo de culturas de los de abajo,

de amor por la vida, la Madre Tierra,

valores familiares y comunitarios.

De eternas luchas populares,

de Juan Álvarez, Genaro Vázquez, Lucio Cabañas,

y de maestros normalistas enseñando el socialismo del Artículo 3.

De resistencias a estatales matanzas, como en Acteal,

Aguas Blancas, El Charco, San Salvador Atenco,

y asesinatos a tantos normalistas.

“FUE EL ESTADO” proclaman la mayoría de mexicanos,

hartos de las guerras sucias que nunca han terminado,

ejecuciones extrajudiciales, torturas sin fin.

Sí, fue el Estado – no fallido, sino delictivo y de derecho fallido –

integrado con los mafiosos narcos,

dictadura cívica-militar títere de Estados Unidos.

Cientos de miles de desapariciones, muertes y refugiados durante

el derramamiento de sangre del mal llamada guerra antidrogas

patrocinada por el gobierno de Estados Unidos…

Porque los mayores bancos lavan el dinero del narcotráfico,

así salvándose de las crisis económicas

que ellos mismos generan.

Programas del gobierno estadounidense como Rápido y Furioso

benefician al complejo militar-industrial-financiero,

tal cual la vinculación militar de México con el Comando del Norte.

Presencia de soldados y agentes gringos,

vuelos de drones sobre ambos países,

supuestas fuerzas antiterroristas del actual terrorismo capitalista.

Tierras ocupadas militarmente desde Baltimore hasta Ayotzinapa,

la más absoluta impunidad para los responsables de crímenes de lesa humanidad,

la felicidad humana del mercado libre militarizado.

Sicarios, paramilitares, mercenarios extranjeros,

Tráfico de personas y drogas,

la “colombianización” de México… y del globo.

Y el México profundo responde con el liderazgo moral

de los padres de los 43 normalistas desaparecidos,

lanzando sus caravanas a todo el país y a tantas otras naciones.

Las policías comunitarias, nacidas en la Costa Chica y la Sierra de Guerrero,

se multiplican, como en Cherán donde un puñado de mujeres Purépechas

echaron los bien armados esbirros de los invasores madereros.

Cuando reprimidas o cooptadas, las policías comunitarias renacen aquí y allá,

o se unifican para luchar contra el Ejército y los narcotraficantes,

o se reorganizan en grupitos guerrilleros clandestinos.

Las y los indios se levantan contra las mega-presas del Banco Mundial,

y juntos con sus aliados ambientalistas rechazan frontalmente a la mega-minería:

“sin oro vivimos, pero sin agua morimos.”

Del México profundo surge un diluvio de paros, bloqueos, tomas de oficinas del Estado.

Los neo-Zapatistas del EZLN resisten a las maniobras de los políticos,

extienden las Juntas de Buen Gobierno y reactivan el Congreso Nacional Indígena.

FUE Y ES EL ESTADO que responde con más represión y cooptación.

Es el Estado que ataca militarmente, económicamente, políticamente

a los indígenas, un etnocidio gradual.

Es el Estado que criminaliza la protesta,

que sentencia una mujer hasta 35 años de prisión por haber abortado,

que persigue a los estudiantes, obreros, periodistas, defensores de derechos humanos.

El Estado es responsable de burdos engaños,

como la nueva ley reformando los medios masivos de desinformación

para disminuir o desaparecer los medios alternativos y comunitarios.

Se aceleran las matanzas, detenciones arbitrarias, torturas,

feminicidio, juvenicidio, extorciones, abusos contra migrantes,

decapitaciones, mutilaciones, descubrimientos de fosas comunes.

El Estado reconcentra sus negocios con los carteles,

consolida la entrega del país a Washington y Wall Street,

y reprime sindicalistas como los electricistas, mineros, y maestros.

El Estado mantiene el salario mínimo más bajo en toda América Latina,

recortes del gasto público, estancamiento económico, privatización galopante,

fracaso de micro empresas, insuficiente empleo de tiempo completo.

El Estado privatiza las reservas en la biósfera y desnacionaliza el sector energético.

Entrega concesiones a empresas mineras estadounidenses y canadienses

que ya controlan más de una cuarta parte del territorio mexicano.

El Estado lleva a cabo la democracia de repetidos fraudes electorales,

gastos de campañas más altos del mundo, y resultados imaginativos

en elecciones ganadas por la abstención.

 

Ayotzinapa: ¿Es un parteaguas nacional o el posible fin de esperanza?

No sabemos, pero sí, sabemos que

en México y el Norte muchos activistas reconocen que

es posible un salto adelante en su incipiente internacionalismo.

Sí, sabemos que en todas partes

los imperialismos confrontan crisis económicas, derrotas militares…

y como en Ayotzinapa pueblos quitándose de su miedo.

Cuanto más se unieran los movimientos sociales y laborales a ambos lados de la frontera,

y cuanto más se unieran las fuerzas populares de toda América, Europa y el resto del globo,

mayor sería el desafío a los imperialismos y la chance de salvar la humanidad y la Madre Tierra.

Los ríos del México profundo pueden bañar al mundo.

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

¡Ayotzinapa Somos Todos!

ester11

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