“Al volvernos invisibles nos olvidamos de nuestras necesidades”

Taller de autocuidado. Foto: Pep Companys

Taller de autocuidado. Foto: Pep Companys

 

Valentina Valle

La mañana de hoy, onceavo día de Caravana, fue un momento muy importante para las madres, un momento intimo y completamente dedicado a ellas. El Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño (CAMPO), situado en las afueras de la ciudad de Oaxaca, será el lugar que recordarán como cobijo de paz y descanso, el lugar donde las integrantes de CONSORCIO, asociación civil oaxaqueña conformada por mujeres feministas, defensoras, activistas y luchadoras, les dieron un “taller de cuidado y autocuidado”, totalmente enfocado a escuchar sus exigencias y encontrar la mejor manera para satisfacerlas. La directora general, Ana María Alejandra Hernández Cárdenas, nos explicó en qué consistió el encuentro, lo que sigue es su testimonio.

“El taller de cuidado y autocuidado, tiene la finalidad de fortalecer el bienestar de las activistas y defensoras de los derechos humanos. Las madres, como cualquier persona que busca cotidianamente a sus hijos o sus familiares, conciente o inconcientemente se convierten en defensoras, porque van en movimiento constante, denuncian, exigen. Y cunado una está en esa lucha cotidiana tan fuerte, rodeada de tanta violencia y tanto dolor, lo que menos hace es acordarse de ella misma: nosotras las mujeres somos muy buenas para olvidarnos de nosotras, por varias razones, básicamente porqué nos han enseñado que las mujeres somos para cuidar a los otros. Esto es algo muy bueno, porqué cuidamos a los demás, cuidamos el planeta, no parimos los hijos para la guerra. Pero también tiene otra parte, que hace que nos volvamos invisibles, y al volvernos invisibles nos olvidamos de nuestras necesidades, a veces ni siquiera las alcanzamos a identificar.

Nosotras en CONSORCIO decimos que cuidarnos no es una moda, cuidarnos es la garantía que los movimientos sociales se fortalezcan, continúen, y sigan adelante. Queremos que las mujeres se den cuenta de como están, que a través del arte y de una fantasía guiada hagan un trabajo a nivel físico, pero también emocional y espiritual. Estas señoras tienen también que mirarse en el espejo con las otras, ver que también hay otras que se sienten mal, y contar con la capacidad que tenemos de apoyarnos mutualmente. Estos talleres sirven también para desanudar encuentros, porque convivir un mes, todos los días, a todas las horas, en condiciones adversas genera conflictos y hace falta un espacio neutro de escucha, de dialogo entre ellas, para desanudarse y volverse a trenzar. Las redes salvan, decimos nosotras, y en el taller se combina la parte personal con la parte más colectiva, que se hace con las manos, con los sentidos, con el juego.

Esto les permite también de disfrutar del contento que tienen adentro de su corazón aunque estén tristes, aunque tengan rabia. Reírse es sanador y mirarse a los ojos, abrazarse, llorar, más bien apapacharse llorando, es importante: aunque a veces nos de miedo, tenemos que hablar y llorar, porque el llanto permite lavar las penas, y permite libéralas, porque cuando las traes adentro se te hacen canceres. De hecho, muchas mujeres defensoras y activistas han padecidos canceres, y eso no es casual, porqué el cáncer es el crecimiento desordenado de las células que no tuvieron liberación. Por eso necesitamos y promovemos estos espacios”.

 

Taller de autocuidado. Foto: Pep Companys

Taller de autocuidado. Foto: Pep Companys

 

Cabe destacar que los comentarios generales de las madres correspondieron a lo que nos comentó Ana Maria, confirmando la validez del taller y la importancia que estos espacios de reflexión representan para estas luchadoras. Hablamos al femenino no porqué los compañeros no necesiten espacios para reflexionar sobre su trabajo y poder manejar la carga emocional que esto conlleva, sino porque en este caso específico un discurso de género es relevante. La intención no es de excluir los hombres sino de incluir estas mujeres madres de familias en busca de sus hijos desaparecidos en la categoría de los defensores de los derechos humanos que, frente a las siempre más numerosas tragedias que atraviesan México, necesitan cada día más una atención particular.

Doña Marcia, de Honduras, al preguntarle como vivió el taller, nos dijo que “fue de mucho provecho y hoy las mamás no se sintieron cansadas, porque la experiencia estuvo muy relajante. Relajante e importante, para quererse y para darse cuenta de lo importante que es el cariño de las demás personas, para sentirse acompañadas, sentir ese hombro donde apoyarnos y esta mano que puede ayudar”.

En las palabras sencillas de las madres, se confirma la terminología específica de las talleristas. Doña Marcia de hecho continúa: “Nosotras recibimos casos en el Comité que nos dejan cargadas de emociones. Las madres se van tranquilas pero uno después tiene que encontrar la manera de descargarse él también, y nosotras gritamos, caminamos, cada quien tiene su manera de despegarse de lo que escucha. A mi, cuando hay música en casa, me gusta mucho bailar, y lo que hago es intentar olvidarme un poco de lo que veo en el Comité, de hacer que en mi casa sea otra cosa”. También doña Juana habló de olvido, expresando su agradecimiento a quien por la mañana “nos hizo olvidar por un momento de la desesperación en que andamos. Hicimos una manta, pintamos, también con las manos y nos sentimos contentas y no pensamos a nada”. Doña Leticia y doña Mari, en cambio, pusieron el acento sobre la importancia de poder repetir este taller “emocionante y bien rico” con otros grupos de mujeres con quien están trabajando en su propio país (Honduras).

Cabe recordar que, aunque en esta ocasión no fue posible, normalmente hay también psicólogos que dan talleres para los hombres. Como destacó la directora de CONSORCIO, “es un poco complejo cuando viene una caravana mixta porque los hombres no tiene posibilidad de integrarse a los talleres de mujeres, y no porque las señoras tengan conflictos directos con ellos sino porque la figura masculina simboliza muchas veces otros conflictos que tuvieron en el pasado, o causa vergüenza en hablar de su cuerpo”.

Sin embargo, también los talleres para los hombres son muy importantes, porque los defensores de los derechos humanos, tanto en México como en los demás países de Centroamérica, son una categoría extremamente débil y abandonada por parte de las instituciones. Por ejemplo, las autoridades no han adoptado hasta la fecha ninguna medida adecuada para proteger el personal de los centros de acogida de migrantes, que sigue siendo objeto de amenazas y hostigamiento en cada estado del país.

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